Tardé en descubrirte las fisuras

y no pensé en ahogarme en ti,

ni siquiera en tu abrazo de trazo corto.

Un refugio en mis (hu)idas y venidas,

con el timón roto y sin más rumbo

que no fuera otro que tú.

Siendo permeable a mis impulsos

y yo a tus lágrimas de abril,

sintiendo el frío en tus ventanas.

Que me piensas en tu espacio

y soy vacío irreversible,

pero no he aprendido a flotar.

Que se quiebran las palabras

si les falta tu viento

para poder volar.

Que eras todo siempre en mí,

tanto más cuando menos

te necesitaba a mi lado.

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