Escapan de mí

dejándome risas lejanas,

que se pierden en los pliegues

de un niño atolondrado

a medio romper en nada.

Son las tinieblas

que me nublan

al compás

del batir imperfecto

de alas de mariposa.

La misma encerrona

una y otra vez,

atrapado en verdades

a medias tintas

que manchan sin huella.

Saltando entre mundos

más distantes,

más irreales,

menos queridos,

pero tan míos.

Es cada parte robada,

cada una entregada,

cada una cedida;

todas partes de mí

y sin fecha de retorno.

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